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“El Dilema de Roberto y el RD 11/2020”

Foto del escritor: Kathy Diaz Kathy Diaz

Roberto, un hombre de mediana edad, se había convertido en propietario de un pequeño piso en un barrio tranquilo de una ciudad española, con la esperanza de asegurar un ingreso extra para su jubilación. Durante años, alquiló su propiedad a Clara, una inquilina que, al principio, cumplía con sus obligaciones de pago sin problemas. Sin embargo, todo cambió con la llegada de la pandemia y la implementación del RD 11/2020.


En marzo de 2020, Clara, debido a la crisis sanitaria, comenzó a enfrentarse a una serie de problemas económicos. Con el nuevo decreto en vigor, tuvo la posibilidad de declararse vulnerable y solicitar una moratoria en el pago del alquiler. A pesar de que su situación no era tan crítica como la de otros inquilinos, Clara vio en el decreto una oportunidad para suspender temporalmente sus pagos.


Roberto, al principio comprensivo, le ofreció apoyo y la opción de pagar una parte del alquiler. Sin embargo, la situación se alargó y, con el tiempo, Clara dejó de pagar por completo. Mientras tanto, Roberto, que dependía de esos ingresos para cubrir sus gastos y deudas, comenzó a sentir la presión y la angustia de no recibir el dinero que le pertenecía.

La situación se volvió insostenible para Roberto. Después de más de un año de intentos de conciliación y negociaciones, decidió que era hora de tomar acciones legales. Se puso en contacto con un abogado para discutir sus opciones y, tras una larga y costosa consulta, decidió denunciar a Clara por el impago del alquiler. Este proceso legal no solo le costó dinero, sino que también le generó un estrés emocional significativo.


A medida que avanzaba el caso en los tribunales, Roberto se dio cuenta de que Clara había aprovechado la situación para presentarse como una víctima vulnerable. Aunque la ley estaba destinada a proteger a los inquilinos en situaciones reales de necesidad, Roberto se sintió frustrado al ver cómo alguien que no estaba en una crisis extrema había manipulado el sistema a su favor.

Los meses pasaron y el proceso se alargó, acumulando más gastos en abogados y gestiones. Roberto no solo tenía que lidiar con la falta de ingresos, sino también con la carga de una batalla legal desgastante. Finalmente, al cabo de más de cuatro años, el tribunal falló a favor de Roberto, obligando a Clara a pagar el alquiler atrasado. Sin embargo, el tiempo perdido y el gasto que había sufrido ya no podrían recuperarse.


 
 
 

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